El fin de las vacaciones es algo natural, porque todo lo que comienza acaba pero así es la vida, compuesta de ciclos que se repiten con normalidad. Algunos padres ya están cansados de haber compartido tanto tiempo con sus hijos, y desean delegarlos y devolverlos a las escuelas con sus maestros aunque ni los maestros ni sus alumnos quieren que acaben sus vacaciones porque luego comienza un arduo camino de encuentros y desencuentros. Sí, hay que reinventarse para no caer en la monotonía de lo colegial de la que hablaba don Antonio Machado. Y así es todo en la vida pues como decía Aristóteles lo mejor es situarse en el justo medio de las cosas. El ser humano se caracteriza por la valentía o la falta de valor, por su tesón o por temor a sí mismo y a la vida. Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables son las más sospechosas por su menos consistencia ya que todo es mutable y deviene. Constituyen nuestro límite, nuestros confines y a la vez nuestra prisión. No somos títeres cuya representación está absolutamente determinada. No es cierto decir que lo que nos determina son las circunstancias, éstas son alternativas de nuestras decisiones. Por esto es falso pensar que la responsable de la educación es sólo la escuela, también lo es la familia. Sorprenderse y enriquecerse es comenzar a entender que no puede existir una única visión de las cosas. Es verdadero que uno se deba motivar para que hagamos las cosas por nosotros mismos, asimismo los temibles y famosos deberes del colegio deberían tener en cuenta los gustos de los padres y de los docentes, o de lo contrario pasa lo que pasa que todos estamos a disgusto incluso como es evidente los propios alumnos. Debemos acercar posturas y priorizar lo que ayuda a ser responsable-eso no quiere decir que los deberes son para que los padres les ayuden a sus hijos a hacerlos o como algunos piensan para que los hagan los padres-. Recordamos que antes había muchos padres que no podían ayudar bien porque su necesario trabajo casi exclusivo para el sostén familiar no se lo permitía o bien porque no sabía. Y no había problemas. Así pues podemos deducir que algo está cambiando y no sabemos controlar desgraciadamente en una afortunada más cercana igualdad de oportunidades con la que antes no se contaba. Debemos aprender todos todavía muchas cosas para que funcione mejor nuestra educación y no sea un suplicio el fin vacacional de unos y otros. Como decía don Antonio Machado, no es bueno que “la letra con sangre entra” ni que la enseñanza sea amarga y produzca ansiedad. Eso no, eso lo último por favor padres y maestros. Concluyendo por esto hay que facilitar la transición de un periodo lúdico y el laboral o de estudio. O lo que es lo mismo la adaptación o el acompañamiento no sólo con los más pequeños sino con todo tipo de alumnado, para hacer sentir el aprendizaje de su agrado, es decir, buscar la pedagogía de la ternura y la educación o inteligencia emocional para que todos los educandos, niños y adolecentes sean empáticos y felices en el camino del aprendizaje de la vida. Porque la escuela es la vida y la vida es escuela ya que no se puede vivir sin emociones. Finalmente para que todas las personas se sientan arropadas y apoyadas en lo cognitivo y en lo afectivo como eje vertebrador de la auténtica educación en los conceptos, ideas y valores.
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