HUMANIDAD INHUMANA

Mientras escribo este triste artículo, noto verter lágrimas de llanto en mi afligido corazón,  al referirme a ese niño de 3 años expulsado por  las olas del mar a una playa turca, solitaria y sin alma que  los periódicos  han presentado con fotografías  y cuyos humoristas, con viñetas de tristeza,  señalaban a Europa como si fuera  responsable de la infamia.  Y tan escandalosas fotos  eran  sólo una muestra de los cientos  de niños que  se viene tragando el mar,  sin al parecer  encontrar  forma alguna de evitarlo.

La terrible fotografía que ha recorrido el mundo,  habrá tocado la sensibilidad  de todas las gentes de buena voluntad que, desconcertadas,  se preguntarán,  qué puedo hacer yo  desde aquí…  Pero,  ¿es que  no hay forma de parar tanta muerte?

Sin lugar a duda  el corazón de  los humanos se ha endurecido, ya que ha tenido que ser un niño de tres años el que haya movido sensibilidades;  los miles de cadáveres de adultos que cada día aparecen en los medios ya no nos afectan y lo vemos como algo lejano, que sucede inevitable  en tierras  oscuras y alejadas,  y lo justificamos  diciendo que viene ocurriendo desde que el ser humano habita la tierra, y la historia da fe de algo que parece inevitable.

Y Europa, lejos de ser responsable, lleva años soportándolo y reparando en lo posible otras muertes seguras,  rescatando barcos y acogiendo a tanto desgraciado que busca “El Dorado”  ahora en Alemania.

Se ha cuestionado la oportunidad de que los medios publicaran tan crueles  fotografías, del niño yaciendo sobre la arena de la playa turca, y la del soldado con el cadáver sobre sus brazos como si se tratara de un muñeco; cierto es, que ambas  hieren  la sensibilidad del más endurecido  espíritu, pero considero necesario hacerlo  para que la ciudadanía  despierte ante tanta atrocidad, ante tanta  muerte innecesaria y sea capaz de encontrar el camino de la paz y convivencia que cada día se aleja más entre los hombres.

Responsables somos todos  y cabe suponer que Dios nos estará observando… ¿Hasta cuándo?

 

Julián Díaz Robledo

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