Hoy, amanece en Mijas con otro color. Hoy, amanece con todos los colores de la vida. Pues se reunen las Madres del Proyecto Arco Iris para ensayar los cuentos de sabiduría que narrarán a los niños del Colegio y a los jóvenes del Instituto del pueblo. También diseñarán las actividades de creatividad, que serán realizadas después de los relatos, con ellas pretenden estimularlos para que den lo mejor de sí mismos y descubran las facetas más elevadas del ser humano.
Las madres narradoras quieren ofrecer a las generaciones futuras lo que a ellas les faltó en la escuela y así poner su granito de arena en la evolución de la humanidad. Ellas vienen de todos los lugares del pueblo, parecen ricas golondrinas que en su vuelo se han sacudido las penas, los miedos y las creencias limitantes. Han dejado atrás los conflictos y sus propias ambiciones personales, porque su objetivo primordial es concentrar toda su energía en abrir la puerta al amor, a la sabiduría y a la creatividad en sus corazones, para que entren en los recintos escolares con todo su esplendor.
Es aquí, en Mijas, donde se puede sentir el abrazo del infinito cuando te asomas al balcón del mar; en esta tierra espectacular, bendecida con todos los dones que un lugar puede recibir en este mundo: un clima templado, que le permite tener buenas temperaturas a lo largo de todo el año; una situación privilegiada a los pies de una esplendida Sierra y muy cerca del Mediterráneo. Aquí, donde hasta los muros florecen, tenía que nacer este Proyecto que es otro milagro de la vida. Y como las amapolas que brotan en las piedras nos hablan de esperanza, el Proyecto Arco Iris nos enseña que es posible otra escuela.
ROJO
Antonia Moreno, mijeña, es una gran pintora. Está en el Proyecto por su hja Ángela de ocho años. Una niña del futuro que le plantea constantemente retos y preguntas. Ángela no quiere asistir a clase, dice que se aburre. Ella no comprende porqué tiene que repetir las mismas cosas que vienen en los libros; todo su ser le pide crear e inventar. Su madre quiere brindarle los horizontes que ella necesita y cree que a través de las actividades que el Proyecto realiza en la escuela, Ángela puede satisfacer de alguna manera lo que tanto anhela. Al menos así lo siente ella cuando ve brillar sus ojos en los talleres de ciencia que, con el nombre de “Experimenta”, organiza el Proyecto en el colegio. La misma Ángela, entusiasmada, le ha dado la clave para elegir uno de los elementos del cuento, que va a crear el grupo en la reunión: un volcán rojo diminuto.
Ensimismada, Antonia, va bajando por las calles más antiguas del pueblo al que tanto ama. Sus paredes encaladas y austeras le recuerdan su pasado, a los hombres y a las mujeres que iban a la sierra por esparto para hacer pleita, la única manera en que muchas familias obtenían dinero para comer. No sabe porqué le viene a la memoria la historia de aquella mujer que parió en la montaña, con la única asistencia de la luna. Y como apareció por la calle de El Calvario sujetando un gran manojo de esparto en la cabeza y con el otro brazo, envuelto en su delantal, asiendo a su hijo recién nacido. Antonia siente un escalofrio, de pronto, lo comprende su hija tiene la misma fuerza que aquella mujer a la que evoca. Ángela es un torrente de energía y de amor.
NARANJA
Mariluz viene de calle Charcones, lleva a su hija Luisa de la mano, tan solo tiene cuatro años. Se dirigen a la escuela por el camino más blanco del pueblo. Allí se escucha una música, el sonido de las pisadas que sobre los adoquines reberberan despertando a las mismas piedras. Mariluz, de ojos vivaces, menuda y pizpireta no deja de hablar con Luisa, la niña de pupilas verdes brillantes, que le pregunta por lo que lleva en la bolsa. Una melena naranja atrae su atención, pertenece al león de siete colores… Su madre le responde que es una de las marioneta del próximo cuento que van a ensayar. Mariluz está ilusionada, de pronto, fija su mirada en unas flores lilas de tallo largo que traspasan las rejas de un ventanal, logrando la libertad de ser mecidas por el viento. Ella misma se siente así cada vez que narra un cuento, se deja llevar por un impulso que le nace de dentro y se expande más allá de la historia, improvisando y enriqueciendo todo lo aprendido. ¡Se siente tan viva en esos momentos!
AMARILLO
Rosa María acaba de dejar a sus hijos Ángel y Eleazar en el Instituto. Ella es escritora y coordinadora del Proyecto Arco Iris desde hace hace doce años. Se dirige hacia La Muralla donde se ubicaba el antiguo castillo árabe. Va a aparcar en este lugar magnífico rodeado de montañas y lleno de hermosos jardines que dan al mar. Allí siente el abrazo de las aguas cuando mira al horizonte inabarcable. Por un momento, la recorre un estremecimento al sentirse llamada por el Mediterráneo, que parece que se la quiere beber.
Tras saludar a la inmensidad, coge su carro de la compra el mejor soporte para todos los libros y que lleva. Hoy, además, es el cofre que guarda un tesoro: una hermosa libélula de color amarillo hecha de celofán, es su aportación al cuento que van a hacer. Baja la cuesta hasta La Plaza de Abajo bordada de palmeras y álamos. Allí hay una fuente construida con las piedras que cayeron de la sierra, por una inundación que hubo en 1884, y que estuvieron apunto de aplastar la villa. Rosa María se detiene ante ella y la mira con mucha atención. La fuente es su maestra… Esta sabiduría es la que ella y sus compañeras, quieren transmitir a través del Proyecto Arco Iris, que es posible transformar las piedras del camino de la vida en fuente de aprendizaje.
Después de despedirse de ella con una inmensa gratitud dirige sus pasos al Hogar del Jubilado, donde se reunen las narradoras en una sala amplia y acogedora, el sitio idóneo para ensayar sin ser molestadas. Nada más llegar, la escritora, abre las ventanas de par en par, para que el sol inunde de luz el recinto y alumbre ese día a la rueda de mujeres creadoras. Mientras llegan el resto de las golondrinas, revisa todos los puntos que tienen que tratar. Juntas van a crear una respuesta-cuento para solventar un asunto de violencia escolar.
VERDE
Susana es la madre de María y de Raquel. Vive en un lugar privilegiado de Mijas en La Fuente de la Seda, un paraiso natural donde la umbría producida por el frondoso ramaje de los árboles, siglos atrás, daba cobijo al monopolio de la elaboración de la seda que ostentaban los monjes del lugar. Susana, que es una de las grandes líderes del pueblo, está muy orgullosa de sus hijas, dos jóvenes brillantes que tienen los mejores expedientes del Instituto. Pero, sus trayectorias sobresalientes necesitan una base de autoestima y creatividad; Susana lo sabe, por eso participa activamente en los talleres y las conferencias que imparte el Proyecto Arco Iris sobre estos temas en este centro.
Andando, de forma pausada, sube la cuesta de la ermita que da al Compás, donde se encuentra la gruta que alberga la imagen chiquita de la patrona del pueblo, la Virgen de la Peña. Susana va cavilando sobre los problemas de diferentes familias y como está repercutiendo en los niños. Cruza una calle y sale a la gran plaza, eje de la vida de la comunidad, que recibe, precisamente, el nombre de Virgen de la Peña. Está rodeada de comercios y restaurantes que se desviven por satisfacer los deseos de las personas, que vienen de todas partes del mundo para visitar Mijas.
Los coches de caballos ya están preparados para recibir a los turistas, se disponen en orden para salir, apenas lo soliciten cualquier grupo de viajeros que deseen tener una mirada más completa de esta perla de Andalucia. Susana saluda con una sonrisa a los conductores de los singulares vehículos y se dirige a su tienda para recoger un pájaro verde esmeralda que va a tener parte en la historia, que tendrá que narrar. De pronto, su mente, se ilumina y encuentra la solución del cuento que quiere proponer al grupo. Aligera sus pasos para llegar, por nada desea olvidar el mágico final.
CELESTE
Teresa, desprende encanto cuando habla. Sus capacidades artísticas y su sentido del humor son grandes nutrientes para el grupo. Deja a su hijo Sergio en el autobus escolar, pues vive a las afuera del pueblo y coge su coche para asistir a la reunión. Mientras conduce disfruta de la fragancia de los pinares que derrama la sierra. Ya ha amanecido y la luna en toda su plenitud, aún, está en lo alto del cielo, no quiere irse. Como aquella noche que las madres del Proyecto Arco Iris contaron cuentos a la luz de la luna en el regazo de la montaña. Gentes venidas de diversos lugares pudieron escuchar las historias más hermosas que se puedan imaginar. Hasta las cabras montesas se asomaron a los riscos para ver que estaba pasando en el corazón de la sierra, su territorio.
Envuelta, todavía, en el recuerdo de aquel encuentro de ecos ancestrales, atraviesa la calle Málaga, una de las vías principales que serpentea Mijas. Las macetas de geranios rojos, colgadas de las paredes, pespuntean la calle dándadole una alegría inusitada. Los comercios están abriendo sus puertas para una nueva jornada. Hay un ajetreo de gentes que vienen y van, paradógicamente en aquella algaravía todos saben muy bien lo que hacer. Las madres se dirigen al colegio con sus hijos, el esfuerzo que hay detrás de poner a los niños en marcha para afrontar un nuevo día se refleja en sus rostros. El trino de los pájaros acompaña el vaivén humano y Teresa, disfruta pensando en el efecto que causará en los chiquillos el vestido celeste de gotas de lluvia de la protagonista del cuento, que lleva en el asiento, de atrás, de su coche.
AZUL
Carmen viene de la Plaza del Agua con su hijo Víctor. Cruzan El Barrio, la parte más genuina y conservada del pueblo de Mijas. Ella es una mujer pionera y amante del teatro. Siempre piensa en el bien de la comunidad y colabora en diferentes asociaciones de forma desinteresada. Su hijo, que tiene cinco años de edad, es un niño muy sabio y escucha a su madre, atentamente, que le descubre los secretos de la vida. De pronto, Carmen, vislumbra algo especial en uno de los callejones moriscos que no tiene salida, es un huerto escondido. Está situado en una azotea, es una casa que, por tejado, tiene un huerto exuberante donde florecen las plantas aromáticas junto a los chilindros y las brincarrosas. La madre dirige la atención de su hijo a uno de los árboles que ya ha dado sus frutos. Las granadas cuelgan como pequeños planetas de sus ramas, brindándose como maravilla al que pasa. Es todo un espectáculo contemplar tanta belleza. Y Carmen le susurra a su hijo en el oído: “como éste, en cada casa de Mijas hay un huerto escondido”.
Cada día nacía con un misterio que había que descubrir. Esto ya lo había aprendido Víctor de su madre, que siempre le mostraba los tesoros del camino como si los viera por primera vez. Llegaron al colegio sin darse cuenta de que el tiempo se había detenido para ellos. Carmen se despidió de su hijo en la puerta de Educación Infantil. Luego, miró en su bolso para cerciorarse de que llevaba una pluma azul tan suave como una nube, pues había sido arrancada al cielo…Con una sonrisa en los labios dirigió sus pasos a la reunión donde la estaban esperando sus compañeras.
VIOLETA
Ana Mari es una mujer emprendedora y muy creativa. Ella vive en la que fue casa de su abuela, que ya falleció. Es una vivienda antigua de gruesos muros y un bello emparrado en la puerta, que da una gratísima sombra en verano y unas dulcísimas uvas en septiembre. Su hogar está cerca de Los Altosanos, el barrio más alejado y humilde del pueblo, donde todavía las casas conservan las cuadras dentro las viviendas. Quiere llegar a su local para recoger las tarjetas violetas que contienen las actividades que se les propondrán a los alumnos del colegio. Precisamente, la protagonista del cuento también se llama Violeta. Y ella ha querido hacerle un guiño a la imaginación de los niños elaborando los materiales de dicho color.
Para llegar hasta calle San Sebastián, situada en el centro del pueblo, donde Ana Mari tiene su negocio hay que bajar por calles empedradas con forma de espigas. Su hijo Enzo, de siete años, se adelanta corriendo; de pronto, se para en seco y se vuelve hacia su madre para hacerle una pregunta sobre algo que le intriga: “Mamá, ¿por qué resuenan mis pasos?”. La empresaria se asombra de la ocurrencia de su hijo y le responde de forma intuitiva: “Para que recuerdes que no estás solo, que tus pasos van siempre contigo”.
La cuesta del colegio se hace más liviana para la madre, cuando su mirada descansa sobre las altas copas de los eucaliptos que rodean el colegio. El viento parece que las mece y ellas se dejan acariciar; se mueven igual que un pañuelo de seda responde a la brisa del aire. Las ramas danzan con la quietud, cesando el tiempo. Es una sensación tan mágica que Ana Marí se queda cautivada por ese instante y siente profundamente que su alma está viva como la de un niño. Con una profunda satisfacción se despide de su hijo y se encamina a la reunión colmada por la belleza de lo que acaba de sentir.
EL BRILLO DEL ARCO IRIS
El círculo de mujeres se ha enriquecido con la presencia de otras compañeras y la reunión ha comenzado con la alegría del reencuentro. Todas están sentadas formando una rueda, cada una va aportando lo que ha traído para crear el cuento. El brillo de un arco iris invisible se esparce por la sala, dibujando sonrisas. Han creado un espacio donde se sienten libres de expresar lo que son y pueden dar lo mejor de sí mismas. Saben que son un puente de cultura, no solo traen la magia a lo cotidiano, sino que también transforman los mensajes más complejos en la sabiduría más sencilla. ¡Y cómo disfrutan creando las historias que plantarán como semillas en el corazón de los niños y de los jóvenes! Ahora, les toca ser Hadas Madrinas del pueblo de Mijas.
Rosa Maria Badillo