Chicuelinas de Chicuelo,
lances de Manuel Jiménez
que a la vez que sevillanas
sonaban a Martinete (cfr. “Cancionero Popular Taurino”, Madrid, 1963)
Lo mismo que en el flamenco se dice con frecuencia “De casta le viene a la liebre”, otro tanto sucede en el delicado mundo de la tauromaquia. Efectivamente: Manuel Jiménez Moreno, de nombre artístico “CHICUELO”, era hijo de torero y padre, a su vez, de Rafael Jiménez Castro “Chicuelo III”. El famoso Chicuelo nació (Sevilla, 1902) en el seno de una familia torera cien por cien. Su padre fue un matador de toros modesto, del mismo nombre y apodo, que fallece cuando el futuro matador era muy pequeño, cinco años. Fue recogido por otra persona perteneciente también a la familia taurina, el banderillero Eduardo Borrego “Zocato”, que se lo llevó a su casa y lo trató como si fuera su hijo. Fue Zocato quien lo inició en el toreo, y a los 10 años lo inscribió en la Escuela Taurina de Sevilla.
Su debut – como novillero – tuvo lugar el 24 de junio de 1917 en la Plaza de Salamanca, donde compartió cartel con Bernardo González y Luís de la Rosa. Según los críticos taurinos, Chicuelo fue desde muy joven, casi de niño, un verdadero prodigio para entender rápidamente a los toros., apenas salían de los chiqueros. Tendrían que pasar muchos años para encontrar un torero que diera la medida de tanta capacidad taurina como la de Manuel Jiménez “Chicuelo II”. Creo no equivocarme si esa figura -segun mi criterio – la cumplió José Luís Vázquez (1921 – 2013). Su protector -Zocato – lo presentó en Madrid, en una novillada de Braganza, el 8 de agosto de 1919, con García Reyes y Joselito Martín. Su carrera como novillero fue sorprendente, tan asombrosa que con sólo 17 años recibió la alternativa, entrando a formar parte de la pléyade de toreros que alcanzaron el doctorado antes de los veinte años. Esta tuvo lugar en Sevilla, 28 de septiembre de 1919, a manos de Juan Belmonte, cediéndole el toro “Vidriero”, de Santa Coloma. Manuel Jiménez se encontraba ya metido en todos los asuntos del arte. No tenía nada que aprender: llegó al doctorado en su momento justo.
Al año siguiente, en la corrida de la Prensa – 18 de junio de 1920 –, Rafael elGallo le confirmó su alternativa con un toro de Veragua, acompañándole en la solemne corrida Juan Belmonte y Fortuna.. Chicuelo fue, a partir de su alternativa sevillana, una figura del toreo, aunque por su propio temperamente artístico – escribe Rafael Ríos, op. cit. pág. 91 – tuviera grandes baches de abulia y apatía. Pero le bastaba cuajar un toro, o realizar una faena importante para firmar un número grande de corridas. Y así sucedió: en el año 1920 firmó ochenta y una.

La Historia nos confirma que Manuel Jiménez “ Chicuelo” es el precursor de la escuela sevillana, un toreo ejecutado con naturalidad y gracia, no exento de profundidad. Su toreo era armonioso, con los pies juntos,, bajando la mano en la muleta, y engarzando varios naturales, algo insólito en el toreo de la época. El inmortal torero sevillano fue el creador de la llamada “Chicuelina”; fue, asimismo, genial con el capote. Finura, ligazón, gracia, excelsa pureza eran notas innatas de Chicuelo. Como persona era cordial, modesto, prudente y siempre amigo de sus amigos. Fue el líder de los años 20 del siglo pasado, llegando a torear en España 84 corridas. Chicuelo hizo varios viajes a México y su cartel fue muy cotizado, ya que allí gustan más los toreros artistas que los de puro valor. En el año 1927 se casó con la cantante Dora la Cordobesita (1902 – 1965). Se retiró definitivamente de los toros el día 1 de noviembre de 1951 en la plaza de Utrera (Sevilla) y dio la alternativa a Juanito Dorado y a Juan de Dios Pareja Obregón.
La ciudad de Sevilla, siendo Alcalde don Alfredo Sánchez Monteseirín, le tributó “Homenaje de pleitesía”, dedicándole la “Escuela Taurina de Sevilla”, en la Alameda de Hércules, el día 21 de agosto de 2009. “CHICUELO II” supo expandir los geniales destellos del toreo eterno, esmaltados todos ellos de su vigoroso sello personal. Murió, lleno de pena, en su Sevilla natal, el 31 de octubre de 1967.
Desde la lejanía del tiempo y el melífluo recuerdo de aquellos cromos taurinos, que aún yacen en mi mente, deseo dedicarle al torero de la trianerísima calle Betis esta breve reflexión “Flamenco-taurina”: A pesar de su similitud, creo que hay algo que diferencia al cante del toreo, a saber, su NACIMIENTO. En la mente de cualquier conocedor del Cante y Toreo está presente esa diferencia. Los primeros balbuceos de las actuales corridas pueden fijarse – según datos históricos – en el siglo XI, desde el rey Alfonso VI. Sin embargo, en cuanto al flamenco, aunque hayan antecedentes milenarios folklóricos, sólo podría fecharse hacia finales del siglo XVIII y XIX. No obstante, hay un hecho muy común en ambas manifestaciones artísticas: SU PLENO DESARROLLO EN EL SIGLO XIX.
Y es en nuestra Andalucía donde tiene su plena vigencia, en las tierras del Sur de España donde cuajados ya los esquemas y reglas de los toros y el flamenco, más se desarrollan y enriquecen. Sobre este particular, García Durán Muñoz señala que la admiración por lo árabe influirá en cierto modo sobre ambas dedicaciones, y que el siglo XIX fue su momento apoteósico, como lo prueba el hecho de que en él se abren las “Escuelas de Tauromaquia y los Cafés Cantantes”. Cfr. “Andalucía y su cante” (Madrid, 1962). El mismo Durán Muñoz equipara ingeniosamente a Pedro Romero con El Fillo, a Paquiro con Silverio, a Joselito con Chacón, a Rafael el Gallo con Manuel Torre y a Juan Belmonte con El Mellizo, diciendo también que, ya que la fiesta requiere un escenario, lo que el “tablao” es al flamenco, lo es la plaza al ceremonial taurino., cfr. “Los toros y el flamenco” (Málaga, 1970). La historia de las relaciones tauroflamencas – escriben Blas Vega-Fernando Quiñones – se nos muestra del modo más abundante, pintoresco y variado desde el momento mismo en que las corridas y el arte flamenco adquieren cuerpo definitivo. Muy nutrida es la lista, en los anales flamencos, de profesionales con nombre o apodo de raigambre taurino: Diego el Picaor, el Cuadrillero, Toreri, Curro Puya, el Paquirri, Teresita Mazzantini, el Gallo, el Puntillero, Curro Caireles, etc. y, además, el apellido Pérez de Guzmán suena en los toros como, después, en el flamenco.