CULTURA FLAMENCA (XLIV) FLAMENCO Y TOROS (XVI). PEPE LUIZ VÁZQUEZ (1921 -2013)

          Soy, “por la gracia de Dios” /Dei gratia, Cantaor, pero también  un  aficionado  ferviente de nuestra hermosa  fiesta de toros. Por ello me siento no sólo honrado, sino  muy  contento de intentar hacer esta  brevísima  biografía artística de José  Luís  Vázquez Garcés “PEPE LUIS VAZQUEZ”, nacido  en  el barrio de San  Bernardo” de Sevilla – ”Barrio de los toreros”, por  ser  cuna de muchos matadores -, el 21 de diciembre de 1921. Si  alguien desea  conocer la  trayectoria  torera  de  José  Luis Vázquez, puede consultar la obra “Pepe Luís  Vázquez  y su tiempo”, del crítico taurino  Rafael  Ríos  Mozo.

    Pepe Luís Vázquez se vistió de luces, primera  vez, en el año 1937 en la  plaza  de Algeciras, siendo compañero de cartel Antonio  Bienvenida (1922 – 1975). El célebre diestro, después de su primera presentación  ante  el público, toreó tres  años  de novillero, llenando  los ruedos de arte y duende, y el día 15 de agosto de 1940 Pepe  Luís Vázquez  tomaba  la  alternativa  en la plaza de la  Maestranza (Sevilla), de  manos de Pepe  Bienvenida y actuando de testigo Rafael  Vega  de los Reyes “Gitanillo de Triana”. La confirmación en la plaza de Las Ventas madrileña tuvo lugar en ese mismo año, el 20  de  Octubre, actuando  Marcial  Lalanda – más tarde su apoderado – de padrino y cediéndole el toro “Carmoneño”, de Escudero. Fue testigo de la ceremonia Rafael  Ortega “Gallito”. Así pues, Pepe Luís Vázquez  llegó  a matador de toros en 1940, año realmente difícil para la  profesión porque, a  la verdad, la “afición” era profunda conocedora de la fiesta en todos  sus aspectos.

     Pepe Luís  Vázquez, “como matador de alternativa – escribe  Ríos Mozo -, y llegó de modo rotundo, estilísticamente puro, en que su toreo sólo  era esencia, esencia  en  sus quites –  entonces se practicaban  quites  en  todos  los  toros -, esencia  en  todo  lo  que hacía… Era la  filigrana pura de un orfebre de la fantasía que  se enfrentaba con  todos  los demás, pero  por contraste de su misma forma de entender  el  arte  tuvo como  contrapunto la  figura  seca,  sobria, con  el sólo aditivo de  sus manoletinas: el diestro de Córdoba”, cfr. “Tauromaquia Fundamental”, pág. 131.

    Tras el rotundo  e inaudito triunfo  en la Maestranza de Sevilla, el 24 de junido  de  1943, Pepe Luís  recibiría  una cornada gravísima en la cara, muy  cerca del ojo, en la plaza  de Santander, el 25 de julio del mismo año, lo que no le hizo  renunciar  a  su profesión totalmente, sino que continuó vistiéndose de luces hasta mucho  después de la muerte de su antiguo  rival en Linares (1947).

    Se retiró  definitivamente, tras dos  grandes triunfos  en  Barcelona y Madrid, en 1959, dedicándose posteriormente a la cría de reses bravas. En 1998, el  Gobierno  de España le concede la  “Medalla de Oro al  Mérito en  las  Bellas  Artes”. Asimismo, el 3 de marzo de 2001, un Jurado compuesto por Cronistas y “Aficionados” lo  incluyó  en  la lista de los 10  toreros más  importantes  del  siglo. El 11 de mayo  de 2002  se le  rinde  un Homenaje en la Plaza de las Ventas (Madrid), colocando  un mosaico: PEPE  LUIS  VAZQUEZ, armonía, belleza y  gloria  en la  Historia  de la  Tauromaquia. Sevilla  también  quiso  honrar  la memoria  de  su  ilustre  hijo, levantándole  un  monumento cerca de la Real  Maestranza, el día  20  de  abril  de  2003. José  Luís  Vázquez  Garcés  “PEPE  LUIS  VAZQUEZ” falleció el 19 de mayo  de  2013. Me cupo la suerte de conocerlo personalmente en Málaga, con motivo de la presentación  de  “Flamenco  para cantar palo  a palo”, obra conjunta del poeta  José  María  Lopera y  del autor de estas referencias, quien  le  dedicó  dos cantes. El  acto tuvo  lugar en el Centro Artístico de  Málaga , el 16  de  mayo de  2009.

      Mi inolvidable  maestro  Pepe el de la  Matrona (1887 – 1980) me decía: “… A  la  seguiriya le doy  el título de “toro de casta pastueño”, porque deja al torero  colocado  como  quiera, por su rítmica, que tiene  más  espacio, y a la  soleá la llamo el “toro bravo  de casta”, que  es  muy difícil  saberlo torear para hacer y deshacer dentro de su ritmo, porque es un ritmo con  más precisión, que le da  menos  sitio al que canta. Los  dos cantes son  de casta, porque uno deja  torear y el otro no. Algo parecido hacía el  sevillano Pepe Luís  Vázquez; por cierto, muy buen aficionado al cante”.

     Hay un  denominador  común al toreo y al flamenco: su condición  instantánea, su efemeridad, cuya intensidad  y riqueza en  vivo  no pueden  ser  recogidas  por  ninguna grabación o filmación.  “La  plena  libertad expresiva  del  toreo – afirmaba González  Climent – se  da  en  la capa,  mientras  que  el cante  tiene  esta  libertad, actualmente,  en las  bulerías”.

    Otros tratadistas se han  expresado en parecidos términos. Y así Pedro Camacho  Galindo -cfr. “Los payos también  cantan  flamenco” –  dijo  que  Manolo  Caracol torea (digo: canta) como Cagancho (digo: torea) y que el toreo y el cante no son  graciosa huída, sino apasionada entrega y ambos artes han  sido  siempre  juzgados  por  una minoría académica ante una mayoría  masiva y por  lo  tanto  confluyen  dos  modelos  distintos  para  dos  públicos  diferentes.

    A  juicio de  M. Martínez Herrero, el buen  toreo es  como el  buen  flamenco que ha de sentir  lo  que hace y ha de  llevar  el  ritmo, el compás, como los pases del  toreo tienen el suyo.  García  Durán  Muñoz – cfr. “Andalucía  en  su  cante” –  alude reiteradamente a la “semejanza entre la  manera de ahondar un  cantaor en  la  copla  y la forma de llevar  la lidia un  torero”. Por  su  parte, J.  Montero  Alonso afirma que “ una apretada hermandad  une a los toros y al  cante; están  en  la  misma línea  española  y  popular. Despiertan pasiones  colectivas, vehementes. Los olés  acompañan  al éxito del  torero  y del cantaor”. Son los mismos  públicos de uno  y  otro  arte. En  el cantaor, frecuentemente, mucho  del porte, del garbo, de la majeza  del  lidiador. Uno  y  otro nacen sobre  todo  en  tierras en  tierras  meridionales, con  horizontes  de olivos y marismas.

    En  el cantaor, como  en  el torero, hay el  que  es, más que nada, técnica, oficio  y  sabiduría, y el  que es fundamentalmente  inspiración, emoción  y  arrebato. Son  muchos los  puntos  de  contacto  entre  el  mozo  que torea en un redondel y el que  sobre un tablao  canta  o  baila. El  famoso  arabista  E. García  Gómez (1905 -1995) nos ha hecho ver bellamente el “Tarab” /éxtasis  arábigo”, sentimiento antiguo  que en España conservamos, mitigado, en el cante y en los toros: una parte  del  acervo  cultural  del  pueblo  andaluz. Y Ricardo  Molina (1916 – 1968) nos  dejó dicho que “cada copla, cantada por el mismo intérprete, es  siempre  distinta, como es irrepetible, fatalmente irrepetible, una faena taurina”.

Alfredo  Arrebola, Profesor – Cantaor

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *