{"id":35511,"date":"2023-05-01T12:32:13","date_gmt":"2023-05-01T11:32:13","guid":{"rendered":"http:\/\/granadacostanacional.es\/?p=35511"},"modified":"2023-05-01T12:32:13","modified_gmt":"2023-05-01T11:32:13","slug":"carola","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/?p=35511","title":{"rendered":"Carola"},"content":{"rendered":"\n<p>Con la blusa blanca y la falda azul, la Escopetilla parec\u00eda una colegiala. Hab\u00eda estado discutiendo toda la ma\u00f1ana con Sara por la forma de vestir: que si a \u00c1ngel le gustaba que fuera as\u00ed\u2026 que si rec\u00f3gete el pelo en una cola\u2026 que si patat\u00edn, que si patat\u00e1n. La observa resignada, mientras acaricia la coronilla de un peque\u00f1o tit\u00ed escu\u00e1lido y despeluchado, que la miraba con ternura desde unos enormes y redondos ojos color caramelo; cuyo mec\u00e1nico movimiento le recordaba al abrir y cerrar de ojos de una mu\u00f1eca. El mono se lo hab\u00eda regalado \u00c1ngel. A la madre la mataron unos cazadores para comer la apreciada carne del animal y ahora le tocaba cuidarlo a ella\u2026 Cuando se lo dio le dijo, que c\u00f3mo no hab\u00eda tiendas donde comprarle un regalo le tra\u00eda el tit\u00ed, y ella pens\u00f3 que maldita la gracia que le hac\u00eda cuidar de ese peque\u00f1ajo, que lo \u00fanico que sab\u00eda hacer era despiojarse y mirarla con ojos de borrego tierno. El pobre mono, que a\u00fan no ten\u00eda nombre, de un salto se acomod\u00f3 en su regazo como si supiera lo que estaba pensando y quisiera congraciarse con su ama. Lo mir\u00f3 con resignaci\u00f3n y luego alz\u00f3 la vista hacia el Cuerpo de Guardia, por donde en ese momento entraba el Chevrolet en direcci\u00f3n a los garajes. Escuch\u00f3 el sonido de la bocina por tres veces, era la contrase\u00f1a para hacerle saber que la<\/p>\n\n\n\n<p>ve\u00eda. Hab\u00eda sacado el brazo por la ventanilla agitando la mano. Le devolvi\u00f3 el saludo con una sonrisa y el tit\u00ed bajo el brazo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ni\u00f1a, ven a desayunar, que ya est\u00e1 todo en la mesa<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ya voy mam\u00e1, espera que ate al mono a la hierba luisa\u2026 Estate quieto enano, que ya me tienes muy harta\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La bes\u00f3 en la mejilla; era un beso casto, porque no estaban solos. La encontr\u00f3 preciosa como siempre, aunque hoy estaba m\u00e1s bonita que nunca, con esa falda azul y la blusa blanca. Y luego estaba el pelo, ese sedoso pelo casta\u00f1o recogido en una cola. Realmente preciosa.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Mira lo que te traigo \u2014 dijo \u2014, entreg\u00e1ndole un cesto de bamb\u00fa, en el que una peque\u00f1a cr\u00eda de chimpanc\u00e9 hembra se agitaba inquieta buscando seguramente un pez\u00f3n que la alimentara \u2014. Mataron a la madre&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>La Escopetilla sonri\u00f3, no pod\u00eda menos, pues lo que \u00e9l no sab\u00eda era que los bichos no eran santo de su devoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Busquemos un nombre para ella. Ya s\u00e9, la llamaremos Carola, es un bonito nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Como t\u00fa digas, Escopetilla, pero dame un beso\u2026 Ella se lo dio en la punta de la nariz.<\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas pasaban deprisa con los viajes de ida y venida; con el <em>ya estoy aqu\u00ed amor <\/em>a golpe de claxon del viejo cami\u00f3n al cruzar la explanada en direcci\u00f3n a los garajes.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/granadacostanacional.es\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Carola.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-35514\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Pasaban\u00a0 deprisa,\u00a0 disfrutando\u00a0 con\u00a0 los\u00a0 amigos\u00a0 durante un rato en el bar del Hotel Guria; paseando por la arena de las bell\u00edsimas playas, jalonadas de palmeras, cocoteros y magn\u00edficos egombe-egombes, con los salacots en sus cabezas y los pies descalzos, sin importarles las niguas, ni los cangrejos rojos de poderosas pinzas que al atardecer sal\u00edan de sus madrigueras por los agujeros que horadaban la playa, encamin\u00e1ndose a la orilla con esa forma extra\u00f1a de caminar que tiene los cangrejos: para atr\u00e1s, para un lado, para el otro, moviendo las patas por la arena, con la soltura de los dedos de un pianista sobre el teclado y bailando los ojos como diminutos periscopios oteando la superficie.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo pasaba deprisa viendo el ir y venir de los pescadores en sus peque\u00f1os cayucos, que manejaban con destreza a\u00fan con la marejada. El tiempo ya no contaba cuando tomaban el rumbo hacia el r\u00edo Ekuko y caminaban bajo la frondosidad de los \u00e1rboles que bordeaban el camino, en donde palomas verdes y blancas se asentaban en las ramas o emprend\u00edan el vuelo tras el nido, el sustento y el arrullo del celo. Y cuando el sol empezaba a ocultarse comenzaba la cuenta atr\u00e1s, queriendo ganar al tiempo porque hab\u00eda que llegar al campamento antes del anochecer\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Los cuatro metros de cadena que aprisionaba el cuello de Carola marcaban su peque\u00f1o territorio, excepto cuando su ama se compadec\u00eda y la soltaba para que experimentara lo m\u00e1s parecido a lo que deb\u00eda ser la libertad. Aunque como el animal no hab\u00eda conocido m\u00e1s mundo que el que rodeaba la valla del campamento, ni m\u00e1s madre que Sara, ni m\u00e1s teta que la de la tetina de goma con la que la criaron, la peque\u00f1a hembra de chimpanc\u00e9 era feliz destrozando la ropa del tendedero de la sufrida Mar\u00eda Luisa, la mujer de Valent\u00edn Ortega, a la que le encantaba comer croquetas y pintar gatos en las paredes del hogar, o rompiendo los huevos de las gallinas ponedoras de cualquier corral que se atravesara en su camino. Tal vez por criarse entre humanos o por ese instinto maternal propio de las hembras, se agenci\u00f3 en una de sus correr\u00edas a un cachorro de gato, del que no se separaba jam\u00e1s, ni para dormir, ni para comer; ni siquiera cuando, liberada de la cadena, iba en pos de nuevas fechor\u00edas: como la de colarse, como un ladr\u00f3n furtivo, por la ventana de alguna de las viviendas del campamento haciendo a\u00f1icos todo aquello que se interpon\u00eda en su camino y testando a su placer el alimento que esperaba en la cocina o en la mesa de cualquier hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>El peque\u00f1o, lejos de parecer asustado y nervioso, se le ve\u00eda feliz y tranquilo. Sol\u00eda llevarlo bajo el brazo como quien lleva el peri\u00f3dico, e incluso lo arropaba bajo una de las<\/p>\n\n\n\n<p>axilas cuando ten\u00eda que comer, y hab\u00eda veces que lo llevaba de un lado a otro entre los dientes, como cualquier felino llevar\u00eda a su cr\u00eda. Era tal la dependencia psicol\u00f3gica que ten\u00eda por el animalito, que cuando este ten\u00eda que alimentarse, lo sujetaba por la parte de atr\u00e1s del&nbsp; cuello hasta que acababa, para volverlo despu\u00e9s bajo el brazo. Y as\u00ed, felices y carentes de monoton\u00eda pasaban los d\u00edas para Carola; en cambio, para Sara, era un puro sinvivir, entre queja y queja; disculpa y disculpa.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Estoy m\u00e1s que harta!<\/p>\n\n\n\n<p>Se lamentaba mirando por la ventana el paseo inquieto de Carola que soltaba su chillido m\u00e1s lastimero intentando tocar la fibra sensible de la due\u00f1a de la casa. La mirada tierna era factor importante para alcanzar el objetivo, pero esta vez el bicho present\u00eda que no le valdr\u00eda de nada la puesta en escena.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Cuando regrese el barco la facturar\u00e9 para alg\u00fan zoo de la Pen\u00ednsula; no ser\u00eda la primera vez que les env\u00edo bichos.<\/p>\n\n\n\n<p>Salvador se rascaba la cabeza con aire pensativo con la vista puesta en el animal, que iba y ven\u00eda con el vestido rojo de grandes flores de hibisco blancas y amarillas, que un d\u00eda le rob\u00f3 a la buena de Mar\u00eda Luisa y que ahora luc\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>con estilo. Le hab\u00eda tomado cari\u00f1o a Carola, pero comprend\u00eda que la chimpanc\u00e9 no pod\u00eda tener en jaque a todo el campamento con sus desatinos; tendr\u00eda que deshacerse de ella en cuanto regresara el barco\u2026 Carola peg\u00f3 un salto desde el peque\u00f1o muro de piedra en donde se encontraba y se agarr\u00f3 a la cubierta que, colgando de una soga en el patio trasero, hac\u00eda las veces de columpio. Balance\u00e1ndose, lleg\u00f3 hasta la ventana con el gato bajo un brazo y apoy\u00e1ndose en el alf\u00e9izar, solt\u00f3 la goma y pas\u00f3 el brazo libre por el cuello de Sara, a la que como siempre cogi\u00f3 desprevenida. Sin darle tiempo a reaccionar le acerc\u00f3 el morro a la cara estamp\u00e1ndole un beso a su manera, dejando una impronta de babas en la mejilla, para despu\u00e9s mirarla fijamente a los ojos con ese halo de inteligencia casi humana que a ella le pon\u00eda tan nerviosa\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Gudea de Lagash<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la blusa blanca y la falda azul, la Escopetilla parec\u00eda una colegiala. 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