{"id":34006,"date":"2022-12-09T09:52:21","date_gmt":"2022-12-09T08:52:21","guid":{"rendered":"http:\/\/granadacostanacional.es\/?p=34006"},"modified":"2022-12-09T09:52:21","modified_gmt":"2022-12-09T08:52:21","slug":"microrrelatos-al-vuelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/?p=34006","title":{"rendered":"MICRORRELATOS AL VUELO"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><strong>Sergio Reyes Puerta<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Queridos amigos y lectores de Granada Costa, hoy les traigo tres microrrelatos muy cortitos. El primero de ellos gan\u00f3 el primer premio en un concurso literario en 2012, toca un tema a\u00fan muy actual y se titula ATRAPADOS. Despu\u00e9s vienen otros dos: LA SAL DE LA VIDA y EN SILENCIO. Ah\u00ed van:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Atrapados<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 un poco tarde a la cita. La cafeter\u00eda estaba a rebosar, pero apenas se o\u00edan voces. Mir\u00f3 en derredor, buscando a su grupo de amigos. Los vio. Ocupaban una mesa al fondo, a la izquierda. Cerca de los aseos, para m\u00e1s se\u00f1as. Ni se hab\u00edan dado cuenta de su llegada. Estaban todos con la cabeza agachada. En sus manos reinaban los m\u00f3viles: simples terminales con Internet, Blackberrys o iPhones. Daba igual el aparato mientras tuviera cobertura. Seg\u00fan se acercaba a la mesa de sus amigos pod\u00eda ver el movimiento prestidigitador de sus dedos sobre los teclados o las pantallas, seg\u00fan el modelo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hola \u2014dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie contest\u00f3. Entonces se dio cuenta: las \u00faltimas voces recalcitrantes del local se hab\u00edan ido apagando seg\u00fan se iluminaban las pantallitas de sus propietarios. \u00bfTodos depend\u00edan del m\u00f3vil? Volvi\u00f3 a recorrer el local con su mirada. Reinaba una cliqueante quietud. Solo se mov\u00edan los dedos. Hasta el camarero, tras la barra, estaba absorto en su tel\u00e9fono. De pronto pit\u00f3 el suyo. Mensaje. \u00ab\u00bfCu\u00e1ndo llegas?\u00bb, preguntaba Antonio, sentado en la tercera silla a su derecha. Se sent\u00f3 resignada en el sitio que le hab\u00edan guardado y se puso a responder: \u00abYa estoy aqu\u00ed\u00bb. Todos sonrieron sin mirarla pero ella, absorta en su pantalla, ya no se percat\u00f3. Acababa de ser, tambi\u00e9n, atrapada.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/granadacostanacional.es\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/atrapados_.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-34007\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>La sal de la vida<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Su coraz\u00f3n lat\u00eda deprisa. Le ped\u00eda sal. Sal a borbotones. Qu\u00e9 importaba la hipertensi\u00f3n. La vida estaba para disfrutarla. Y vaya si lo hac\u00eda. Chuletones y solomillos aderezados con sal del Mar Menor. O arroces caldero en su punto de sal. Ah, y un buen chorrico de lim\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A sus cuarenta a\u00f1os el m\u00e9dico le hab\u00eda prohibido la sal. \u00a1Prohibirle la sal! \u00a1Ja! \u00bfQu\u00e9 era la vida sin sal? \u00bfC\u00f3mo quitarle la sal a la vida? \u00a1Qu\u00e9 bober\u00eda! La sal es la sal de la vida, perm\u00edtanme la cacofon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Decidi\u00f3 disfrutar la vida, saborearla y paladearla. Con toda su sal. Sin miedo a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a>Hoy cumpl\u00eda noventa y hab\u00eda que celebrarlo. Agarr\u00f3 otra chuleta de cordero segure\u00f1o bien salada y la sabore\u00f3 con fruici\u00f3n y deleite desafiando, una vez m\u00e1s, a la atenta parca, esa figura vestida de negro que s\u00ed que nunca (\u00a1jam\u00e1s!) sabr\u00eda salada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>En silencio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Me pusieron los grilletes en silencio. Todos, mientras tanto, me observaban con atenci\u00f3n. Quiz\u00e1s esperaban una reacci\u00f3n violenta por mi parte, un poco de resistencia al menos. Sent\u00ed decepcionarles. No iba a ser as\u00ed. Nada ten\u00eda que hacer contra las metralletas que portaban. Me aterraba enfrentarme al fuego de aquellas armas. Aunque, debo reconocerlo, el fr\u00edo del metal alrededor de mis mu\u00f1ecas se me antojaba m\u00e1s doloroso que las propias esposas. O que las balas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis amigos y compa\u00f1eros, tambi\u00e9n algunos enemigos \u2014si es que ese adjetivo tan crudo fuese aplicable a aquellas personas cercanas a las que no caigo especialmente bien\u2014, hicieron un pasillo por el que comenc\u00e9 a circular. Custodiado por mis captores \u2014no merecen otro nombre esos mercenarios que vinieron a por m\u00ed\u2014 avanc\u00e9 con la cabeza alta y pude cruzar las miradas con algunos de mis seres m\u00e1s queridos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te lo avis\u00e9 \u2014me recordaban unos ojos apagados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo sab\u00edas tan bien como yo \u2014parec\u00eda decir otra mirada llorosa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ah\u00ed tienes lo que quer\u00edas \u2014se regodeaba la vista mi ex.<\/p>\n\n\n\n<p>Sal\u00ed casi a empujones. Mis mu\u00f1ecas, atenazadas con los grilletes. Mis brazos, sujetos por las manos de mis captores. Mis rodillas, temblando de miedo. Sab\u00eda que acabar\u00eda como tantos en las \u00faltimas semanas, tal como ocurriera en cientos de lugares tras las recientes elecciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de que me metieran en la caja del cami\u00f3n, junto al resto silencioso, mir\u00e9 a los ojos de aquellos pobres condenados que me acompa\u00f1aban. Al un\u00edsono y en silencio, nuestras calladas y tristes miradas expresaron lo que todos pens\u00e1bamos: \u00abSi llego a saber que iban a ganar ellos, no los habr\u00eda votado\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sergio Reyes Puerta Queridos amigos y lectores de Granada Costa, hoy les traigo tres microrrelatos muy cortitos. 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