{"id":33512,"date":"2022-10-21T08:50:20","date_gmt":"2022-10-21T07:50:20","guid":{"rendered":"http:\/\/granadacostanacional.es\/?p=33512"},"modified":"2022-10-21T08:50:20","modified_gmt":"2022-10-21T07:50:20","slug":"en-blanco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/?p=33512","title":{"rendered":"LA SOBRASADA"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-justify\">Entraron en el portal del hogar prestado iluminado por una bombilla pelada, que apenas alcanzaba para aclarar la visi\u00f3n de los dos primeros escalones, en donde un gato les dio un susto de muerte al sentir c\u00f3mo invad\u00edan la paz de su rinc\u00f3n. Un olor a coles hervidas flotaba en el aire, y en el rellano del primero se enlazaban las noticias de Radio Nacional con un tango de Gardel. En el segundo, una Tat\u00edn con l\u00e1pices de colores y una Gelinda llorando desesperada por un incisivo que rasgaba la tierna enc\u00eda de la peque\u00f1a, paliaron en parte, aquel horrible d\u00eda en el que acababa de enterrar a un buen amigo; al abuelo de sus hijas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sobre la mesa, igual que el ombligo del mundo, un plato de embutido y un porr\u00f3n de vino de garraf\u00f3n, ocupaban el centro de un mantel, a cuadros azules y verdes, que junto a Medio pan de hogaza y una humeante sopera, compon\u00edan la cena de esa noche en el hogar prestado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se sentaron, sin Sara, a una mesa triste con un enorme hueco dif\u00edcil de llenar, porque Sara volver\u00eda de su mundo de recuerdos, al siguiente d\u00eda o al otro a ocupar su lugar, pero su amigo ya no volver\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Y la nena lloraba y lloraba. Ni el dedo de su madre masajeando las enc\u00edas, ni el fr\u00edo hielo picado y envuelto, en un pedazo de gasa, ni la gota de licor sobre la maltrecha carne, recomendada por esa t\u00eda Teresa, peque\u00f1a y enjuta, de mo\u00f1o estirado y gafas de concha gruesa y redondas, surt\u00edan efecto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Casi agradecieron el berrinche de Gelinda que apartaba con firmeza el biber\u00f3n de Pelarg\u00f3n que <em>la Escopetilla <\/em>le daba. Y lloraba y pataleaba desconcertando a todos, haciendo que la tristeza fuera menos tristeza, por el af\u00e1n de calmar su dolor ante el apremio de ese diente de leche que quer\u00eda salir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con el primer diente de leche de la peque\u00f1a y el final de las vacaciones, lleg\u00f3 el momento de partir hacia el destino nuevo. En Valencia dejaban a parte de la familia y al viejo Camar\u00f3, dormitando en el jard\u00edn de piedra hasta el d\u00eda del Juicio. Con ellos se llevaban a una Sara cansada y algo doblada, no por el peso de los a\u00f1os que no eran tantos, sino por el peso de ese camino en solitario que le tocaba emprender. Una <em>Escopetilla<\/em> enlutada, y un par de nenas era todo lo que hab\u00eda inventariado el coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y as\u00ed se fue sin huevo de pato, no porque all\u00ed faltaran patos, sino porque no era costumbre como lo era, en esa tierra africana cuyo recuerdo le mord\u00eda el coraz\u00f3n, a emprender el camino de una nueva vida en un puesto que ya no deseaba. Record\u00f3 aquello de que<em>: A quien prueba Guinea se le mete el veneno de volver<\/em>. Y pens\u00f3 que era tan cierto como que hab\u00eda Dios. Pero ese Dios se empe\u00f1\u00f3 en enviarlo a Almer\u00eda, una peque\u00f1a ciudad a orillas del Mediterr\u00e1neo en donde el sol nunca parec\u00eda tener prisa por irse a dormir. Y all\u00ed, en la calle Chile, n\u00famero siete, de un barrio de casas bajas a la que llamaban Ciudad jard\u00edn, tal vez porque a ninguna le faltaba su trocito de tierra para llenarla de flores, invirtieron en una casita peque\u00f1a de paredes blancas y jard\u00edn coqueto, que les cost\u00f3 sesenta mil pesetas. Un desembolso que no todo el mundo, en los tiempos de posguerra que corr\u00eda se pod\u00eda permitir, pero que para ellos no era un problema por esos a\u00f1os de campa\u00f1a en aquellas tierras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con la compra de la casa, la ilusi\u00f3n volvi\u00f3 a formar parte de la familia. Ahora se encontraban en un hogar totalmente suyo, junto a Sara, las ni\u00f1as y Vicenta, la chacha, una joven desgarbada y tan sosa que <em>Ojos de Gato <\/em>pens\u00f3, que Dios se olvid\u00f3 de darle esa pizca de sal con la que deber\u00eda ganarse al corto mundo que la rodeaba. Y as\u00ed pasaban los d\u00edas. \u00c9l con su trabajo en el cuartel y ella aturullando a la buena de Vicenta, a la que le faltaba sangre para acelerar la faena. Desesperada la una y exasperada la otra, acostumbrada como estaba a tantos de servicio, el entendimiento entre ambas no acababa de llegar. Solo Sara, con esa serenidad que la caracterizaba, sab\u00eda c\u00f3mo manejar a la muchacha sin atolondrarla m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era de noche en la Casa Cuartel, como en todas las casas de ese lado del mundo. En la mesa familiar solo estaban, la chiquilla sentada en una trona de madera, que Anacleta, la mujer del cabo G\u00f3mez le prest\u00f3, tras el uso continuado de los siete hijos conque Dios y el semental de su marido le premiaron, y una sobrasada gorda y lustrosa en el centro del mantel mir\u00e1ndose en silencio, la una porque no sab\u00eda hablar, y la otra porque era un simple embutido de piel brillante que dec\u00eda c\u00f3meme, pero nada m\u00e1s. Estiraba y estiraba sus brazos de nena hasta que desesperada rompi\u00f3 a llorar con un llanto amargo que nadie entend\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cada uno a su manera intentaba calmarla, pero no hab\u00eda manera. Ni papilla, ni sonajero, ni osito de peluche\u2026La ni\u00f1a segu\u00eda en su empe\u00f1o de martirizar los t\u00edmpanos de toda la familia, hasta que a su padre se le ocurri\u00f3 que, tal vez colg\u00e1ndole la sobrasada, acabara con el llanto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">\u2014 \u00a1Pero c\u00f3mo le vas a colgar la sobrasada al cuello!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">\u2014 \u00a1Que no ze\u00f1\u00f3! Que ce pu\u00e9 ahog\u00e1\u2026\u2014 dice Vicenta abriendo unos ojos como platos, y a punto de derramar la sopera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero \u00e9l, agarrando la sobrasada por el cordel, se la ata alrededor del cuello por encima del babero. Y Gelinda le dedica la mejor de sus sonrisas palmoteando de felicidad \u00a1Por fin! alguien hab\u00eda comprendido su necesidad de tener esa hermosa sobrasada, de piel roja y brillante como una bola de navidad, colgada de su cuello. \u00a1Por fin! Alguien la comprend\u00eda y ese alguien solo pod\u00eda ser su padre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gudea de Lagash<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entraron en el portal del hogar prestado iluminado por una bombilla pelada, que apenas alcanzaba para aclarar la visi\u00f3n de&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":33518,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_mi_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33512"}],"collection":[{"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=33512"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33512\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=33512"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=33512"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=33512"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}