{"id":32117,"date":"2022-05-12T08:13:10","date_gmt":"2022-05-12T07:13:10","guid":{"rendered":"http:\/\/granadacostanacional.es\/?p=32117"},"modified":"2022-05-12T08:13:10","modified_gmt":"2022-05-12T07:13:10","slug":"la-casa-de-la-bruja-i-de-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/?p=32117","title":{"rendered":"La casa de la bruja (I de III)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Fue la muerte la que me hab\u00eda llevado a aquella casa y la que me unir\u00eda a ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era una edificaci\u00f3n blanca, retirada, casi escondida, que dejaba el protagonismo de la inmensa parcela a los frutales que la rodeaban y que apenas permit\u00edan verla desde la calle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa casa, que de haber estado estar alineada, como las dem\u00e1s, con el encintado de la acera, a los ni\u00f1os del barrio nunca nos hubiera llamado la atenci\u00f3n, pero estaba tan profundamente enclavada, tan alejada de nuestra curiosidad, que necesariamente nos interesaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con sus frutales ocurr\u00eda algo similar: en nuestras casas nos neg\u00e1bamos a probar la fruta, pero \u00e9ramos capaces de cualquier barbaridad por degustar la de aquella casa y llegar a la indigesti\u00f3n. Para robarlas nos organiz\u00e1bamos militarmente, cada cual ten\u00eda su cometido. Yo, como usaba lentes, y hab\u00eda que aguzar mucho la vista para que no nos sorprendieran, estaba descartado como vig\u00eda, pero como era el que m\u00e1s corr\u00eda, deb\u00eda saquear los arboles m\u00e1s lejanos, o sea, los m\u00e1s pr\u00f3ximos a la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocas veces ve\u00edamos a la due\u00f1a y cuando lo hac\u00edamos ya era demasiado tarde. Parec\u00eda que leyera nuestro pensamiento, siempre aparec\u00eda cuando est\u00e1bamos encaramados a los \u00e1rboles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El colorido de manzanas, peras, melocotones, uvas, n\u00edsperos resultaba tentador, irresistible, su sabor adictivo. Era una fruta deliciosa que com\u00edamos con fruici\u00f3n. No la rob\u00e1bamos solo por el aliciente de hacerlo, que tambi\u00e9n interven\u00eda, quer\u00edamos comerla. Nunca vi a ninguno de mis compa\u00f1eros de correr\u00edas que tirara una sola pieza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casera, cuando nos sorprend\u00eda rob\u00e1ndole, se dejaba ver y ven\u00eda hacia nosotros sin apresurarse, sin gritos ni aspavientos, sin empe\u00f1o por alcanzarnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No era mujer a la que le gustara hacerse de notar, siempre oculta a nuestra mirada y a la del vecindario en general. Al contrario que las dem\u00e1s mujeres, a ella no le gustaba regar la calle para excusar su chismorreo con las vecinas. Los domingos no se la ve\u00eda a la salida de misa, creo que ni asist\u00eda y, desde luego, no participaba en aquellas comidillas. Tampoco se la ve\u00eda en la terraza de verano, cuando nos echaban alguna pel\u00edcula. La verdad es que se la se la ve\u00eda poco, apenas por la ma\u00f1ana temprano o al atardecer en su parcela cuidando un vergel primoroso, que la aislaba del resto del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella casa no sol\u00eda recibir muchas visitas, apenas mi madre y Lucrecia, la bibliotecaria, que iban con asiduidad. Eran amigas, aunque ella nunca vino a casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casa que, para la chiquiller\u00eda, solo ten\u00eda el aliciente frutal, cobr\u00f3 un nuevo sentido cuando a uno de nosotros, no recuerdo quien, dijo que aquella mujer era bruja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue decirlo e inmediatamente se destap\u00f3 nuestra memoria at\u00e1vica, de la que surgieron todas aquellas im\u00e1genes t\u00f3picas con las que nuestro miedo reviste a esas figuras que el acervo popular declar\u00f3 malvadas. El resto corri\u00f3 de cuenta de nuestra imaginaci\u00f3n, la de unos p\u00faberes que, m\u00e1s que rellenar las lagunas que dejaba aquella afirmaci\u00f3n, teji\u00f3 la historia completa de la reci\u00e9n declaraba arp\u00eda y de sus anteriores generaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa historia, nacida con vocaci\u00f3n de eludir el aburrimiento de una tarde lluviosa, cal\u00f3 tan hondo entre nosotros, que cada vez que la ve\u00edamos, aunque fuera de lejos, nos produc\u00eda un macabro estremecimiento y un injustificado temor. Su nariz se nos antojaba ganchuda y afilada, su ment\u00f3n era como el espol\u00f3n de un trirreme romano; en su rostro proliferaron verrugas, hasta entonces ausentes, y que para cada cual situaba en diferente latitud. Cualquier, vara, ca\u00f1a, palo o escoba que vi\u00e9ramos en su parcela era su medio de desplazamiento; los gatos negros, inexistentes en el vecindario, de hacer caso a lo que dec\u00edamos, empezaron a expandirse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella mujer y su casa se convirtieron en causa de una nueva cruzada que se manifest\u00f3 lanzando piedras contra la casa de la bruja. Pero esa intransigencia infantil pronto se diluy\u00f3: en primer lugar, porque nuestras pedradas no alcanzaban la casa y la m\u00e1s importante, por la falta de respuesta a nuestra agresi\u00f3n\u2026 ni un grito, ni una palabra m\u00e1s alta que otra\u2026 ni una amenaza\u2026 ni una persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las pedradas pasaron a ser historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero su pasividad no la alej\u00f3 de nuestros pensamientos, a diferencia de su fruta, que el miedo logr\u00f3 que dej\u00e1ramos de rob\u00e1rsela, aunque nuestro orgullo encontr\u00f3 otra raz\u00f3n que dejara indemne nuestra vanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pas\u00e1bamos temporadas sin verla y en esos lapsos, sobre todo cuando llov\u00eda, nuestra imaginaci\u00f3n se desbocaba y erig\u00edamos historias colectivas sobre lo que acontec\u00eda en aquella casa, alucinantes historias que nos atemorizaban.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esas tardes, en las que la lluvia imped\u00eda nuestro ir y venir, las pas\u00e1bamos bajo el porche de un caser\u00f3n, recubierto de abandono, misterio y musgo, sin m\u00e1s que hacer que inventar la vida de la bruja que viv\u00eda enfrente. Aunque fuera m\u00e1s coherente que habitara el caser\u00f3n en que nosotros nos refugi\u00e1bamos, pero los papeles ya los ten\u00edamos repartidos. El protocolo de esas tardes comenzaba por relatar los sucesos importantes del d\u00eda: la gata que hab\u00eda parido en lo del \u00abpocero\u00bb, las tretas de la Trinidad para enganchar al hijo del tendero, el coche nuevo que conduc\u00eda el cura. Luego Curro nos contaba la pel\u00edcula que hab\u00edan <em>echao <\/em>la noche anterior en la televisi\u00f3n, era el m\u00e1s <em>saborio<\/em> del grupo, pero el \u00fanico que ten\u00eda un aparato de esos, porque su padre los viajaba. Las contaba con tan poco salero que no nos daba ganas de tener uno\u00a0 de esos aparatos. Termin\u00e1bamos con nuestra mirada en la casa de la bruja tratando, in\u00fatilmente, de verla a trav\u00e9s de la lluvia, los frutales y los visillos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero era precisamente lo que no ve\u00edamos lo que excitaba a nuestra imaginaci\u00f3n que pon\u00eda en marcha nuestra fantas\u00eda que cre\u00eda averiguar el hechizo con que subyugaba a alguna ni\u00f1a. Las v\u00edctimas siempre eran ni\u00f1as. Eran m\u00e1s d\u00e9biles y est\u00e1bamos educados en el machismo. En nuestros delirios fantase\u00e1bamos sobre los conjuros y hechizos con que la bruja la salmodiaba, hasta que la sacrificaba con bebedizos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquellos tiempos, nosotros mismos tej\u00edamos nuestras quimeras, sin necesidad de que nos las trajeran de <em>Silicon Valley<\/em> en cajas de cart\u00f3n y con instrucciones en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el paso del tiempo y la agitaci\u00f3n de nuestras hormonas propiciaron nuevas distracciones y, poco a poco, la imagen de la bruja adquiri\u00f3 tono sepia, se fue disolviendo entre nuestros ardientes desvelos y, adem\u00e1s, como a las chicas no les gustaba que habl\u00e1ramos de esas cosas, su imagen camin\u00f3 hacia el olvido por la misma senda que se fueron sus frutas. Tuvo que producirse una muerte para que volviera a acordarme de ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>(Continuar\u00e1)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Alberto Gim\u00e9nez<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fue la muerte la que me hab\u00eda llevado a aquella casa y la que me unir\u00eda a ella. 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