{"id":31603,"date":"2022-03-24T09:18:25","date_gmt":"2022-03-24T08:18:25","guid":{"rendered":"http:\/\/granadacostanacional.es\/?p=31603"},"modified":"2022-03-24T09:18:25","modified_gmt":"2022-03-24T08:18:25","slug":"historias-de-la-abuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/?p=31603","title":{"rendered":"Historias de la abuela"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Abuela, cu\u00e9ntame alguna de tus historias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la abuela le falt\u00f3 tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Quiero que sepas, que un buen libro puede cambiar tu vida. Y que las bibliotecas est\u00e1n llenas de magia. Cuando yo ten\u00eda tu edad era una p\u00e9sima lectora no me gustaba leer y entonces un d\u00eda mi abuelo me dio una tarjeta de biblioteca con tres n\u00fameros. Me dej\u00f3 en la puerta y cuando entr\u00e9 me sent\u00ed como debi\u00f3 sentirse Alicia al entrar en la madriguera, con tan mal fortunio que ca\u00ed de golpe contra el suelo. Cuando levant\u00e9 la cabeza, vi a una bibliotecaria de aspecto severo, con un enorme mo\u00f1o desgre\u00f1ado y en su ojo derecho un redondo binocular. Me mir\u00f3 imperturbable y llev\u00e1ndose un dedo muy tieso a la boca, me advirti\u00f3 con un prolongado siseo, que no deb\u00eda hacer ruido en la biblioteca. Por supuesto enseguida me pidi\u00f3 la invitaci\u00f3n que me acreditaba para estar all\u00ed. Los jovencitos y jovencitas que hab\u00eda all\u00ed, levantaron la cabeza de sus libros y me miraron extra\u00f1ados. Pero no por c\u00f3mo entr\u00e9, por lo visto no era el primero que llegaba y rodaba por el suelo, sino porque era la ni\u00f1a a la que no le gustaban los libros. No tardaron mucho en volver a sus lecturas, al fin y al cabo, todo o al menos casi todo era posible en un lugar tan m\u00e1gico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLa biblioteca era fascinante y el estilo g\u00f3tico con el que estaba construido (salvo algunas licencias m\u00e1gicas), le daba un aire casi sagrado. La habitaban inmensas librer\u00edas, que parec\u00edan alzarse infinitas bajo arcos godos. Miles de libros descansaban sobre arqueados estantes, cansados de sostener millares de mundos. Tal era el caso que, hasta las largas y delgadas escaleras para alcanzar los libros, parec\u00edan puntales de construcci\u00f3n que las sosten\u00edan, como un muro a punto de desplomarse. Parec\u00eda una ciudad de grandes edificios clav\u00e1ndose en un cielo de piedra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abMientras caminaba entre aquellos inquietantes y tortuosos batientes, que se perd\u00edan en una hermosa b\u00f3veda adornada con vitrales de mil colores, vi algo fascinante. Para acceder a las estanter\u00edas m\u00e1s altas, los jovencitos se sub\u00edan a unas escaleras que, aunque en apariencia eran normales, distaban mucho de serlo. \u00c9stas crec\u00edan estir\u00e1ndose hacia lo alto como los elevadores de un rascacielos. Al mismo tiempo, por unos railes que se extend\u00edan en todas las direcciones, aquellas extra\u00f1as escaleras se desplazaban hacia los lados a gran velocidad, hasta por fin llegar al libro deseado. Cuando se cruzaban con otra escalera, era lo m\u00e1s parecido al cambio de agujas en las v\u00edas de los trenes. Se activaba un resorte que las hacia saltar de unos railes a otros, para evitar as\u00ed una colisi\u00f3n que parec\u00eda inevitable. M\u00e1s que una biblioteca me pareci\u00f3 por un momento, la Grand Central Station de Nueva York.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEntre tantas escaleras en movimiento, vi una ingeniosa manera de mantener la biblioteca ordenada. Cuando los lectores terminaban de leer, los libros aleteaban sus cubiertas y guardas. Volaban y esquivaban escaleras m\u00e1gicas hasta llegar a sus estantes. Volaban seguidos de una estela de peque\u00f1as figuras procedentes del argumento, que les segu\u00edan como un cometa hasta su balda, para despu\u00e9s esfumarse en el aire.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLas enormes librer\u00edas estaban dispuestas en retorcidos pasillos y a la entrada de cada una de ellas, una placa de bronce con un n\u00famero grabado las enumeraba. Record\u00e9 que all\u00ed hab\u00eda un libro esper\u00e1ndome. Mi abuelo me dio tres n\u00fameros, doce, cinco y veintitr\u00e9s. Me dirig\u00ed al pasillo n\u00famero doce. All\u00ed cont\u00e9 la estanter\u00eda cinco, alegr\u00e1ndome de no tener que subirme a una de aquellas vertiginosas escaleras, y entonces uno a uno llegu\u00e9 al libro veintitr\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abMir\u00e9 a ambos lados, no me fuese a atropellar una de aquellas veloces escaleras. Abr\u00ed el libro y nunca olvidar\u00e9 ese momento, desped\u00eda un agradable olor salino que me record\u00f3 los acantilados de mi tierra. Al mirar vi el dibujo de un hermoso escarpado marino, que me hizo sentir a\u00f1oranza por un instante. Me pareci\u00f3 que llevaba mucho tiempo lejos de casa y aunque todo aquello era fascinante, de repente una simple idea me llen\u00f3 de gratitud. Me di cuenta que en toda mi vida tuve muy cerca algo de verdad hermoso\u2026 mi planeta Tierra. No ten\u00eda nada que envidiarle al mundo de los sue\u00f1os, aunque estuviese lleno de magia. Al pasar p\u00e1ginas, un nuevo olor a \u201cdama de noche\u201d me despert\u00f3 de mis pensamientos. En ese momento advert\u00ed que el olor era el propio argumento a medida que se desarrollaba. Aquella historia trataba de las haza\u00f1as de un guerrero jinete de dragones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNo pas\u00f3 demasiado tiempo cuando la hermosa ilustraci\u00f3n de una ninfa me dej\u00f3 absorto. La l\u00e1mina ol\u00eda a flores silvestres. El dibujo de aquella criatura m\u00e1gica, era el de una joven con la cara salpicada de pecas, el pelo rojo calabaza, adornado con una corona de hojas del bosque y unas hermosas alas de mariposa. Al levantar la mirada percib\u00ed algo extra\u00f1o. Me dio la impresi\u00f3n de haber visto a aquella figura dibujada moverse, as\u00ed que mir\u00e9 r\u00e1pido de nuevo, pero estaba inm\u00f3vil, como deb\u00eda estar un dibujo. Justo al levantar la mirada otra vez, volv\u00ed a tener la misma sensaci\u00f3n. Pero esta vez estaba seguro de haberla visto moverse. Cog\u00ed la pluma que estaba junto a un tintero, al tiempo que levantaba el libro para que nadie pudiera ver lo que iba a hacer, pens\u00e9 que, si alguien lo ve\u00eda, creer\u00eda que estaba loca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abMir\u00e9 a ambos lados y sobre la estampa, comenc\u00e9 a hacerle cosquillas al grabado de la joven. Al principio no ocurr\u00eda nada, pero el dibujo de la ninfa no aguant\u00f3 y solt\u00f3 (para mi sorpresa), una risotada que rompi\u00f3 el silencio de la sala. La se\u00f1ora bibliotecaria me volvi\u00f3 a mirar reprendi\u00e9ndome con un siseo amonestador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Lo sab\u00eda! Al descubrir a la peque\u00f1a ninfa vitore\u00e9 mi triunfo, aunque en voz baja. Cuando volv\u00ed a mirar, la figura de acuarela ya no estaba en la p\u00e1gina. Comenc\u00e9 a mover las antiguas hojas de aquel libro de aventuras, en busca de una ilustraci\u00f3n que hu\u00eda de m\u00ed. No pod\u00eda creer lo que hac\u00eda. Entonces fij\u00e1ndome bien en una de las siguientes l\u00e1minas, justo detr\u00e1s del dibujo de un \u00e1rbol pude ver lo que parec\u00eda un trocito de ala de ninfa. As\u00ed que agit\u00e9 el libro y ella rod\u00f3 por la l\u00e1mina. De repente dej\u00f3 de ser un dibujo para tomar forma. Puse el libro bocabajo y la linda ninfa se qued\u00f3 colgada de una rama de un \u00e1rbol que segu\u00eda pintado en la amarillenta ilustraci\u00f3n. La cog\u00ed con los dedos por el pie como coge un ni\u00f1o con dudosas intenciones una salamanquesa por el rabo. La observ\u00e9 incr\u00e9dulo mientras ella segu\u00eda agarrada al tronco de acuarela. No daba cr\u00e9dito a lo que ve\u00eda, y la Ninfa aprovech\u00f3 mi instante de confusi\u00f3n, para escapar solt\u00e1ndose de entre mis dedos y correr detr\u00e1s de las estanter\u00edas. Fui tras ella y le dije que no se escondiese que necesitaba su ayuda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abElla me dijo, la que tan solo un instante atr\u00e1s era un dibujo, que no se fiaba de los ni\u00f1os a los que no les gusta leer y yo le dije que quiz\u00e1s ella podr\u00eda ayudarme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abElla me pregunt\u00f3 qui\u00e9n era y c\u00f3mo hab\u00eda entrado all\u00ed. Le ense\u00f1\u00e9 mi tarjeta de biblioteca y entonces me reconoci\u00f3, tambi\u00e9n mi abuelo estuvo all\u00ed y le advirti\u00f3 de que yo tambi\u00e9n ir\u00eda. Me explic\u00f3 que le encantaba esa biblioteca. Ven\u00eda muchas veces a meterse en los libros y vivir las aventuras que m\u00e1s le gustaban. Ven conmigo, me dijo y la segu\u00ed\u2026 desde entonces no he dejado de leer\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Manuel Salcedo G\u00e1lvez<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u2013Abuela, cu\u00e9ntame alguna de tus historias. 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