{"id":16092,"date":"2018-01-26T16:46:49","date_gmt":"2018-01-26T16:46:49","guid":{"rendered":"http:\/\/granadacostanacional.es\/?p=16092"},"modified":"2018-01-26T16:46:49","modified_gmt":"2018-01-26T16:46:49","slug":"el-pequeno-abrigo-rojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/?p=16092","title":{"rendered":"El peque\u00f1o abrigo rojo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00eda treinta a\u00f1os cuando la vio por primera vez. \u00a1S\u00ed, las hadas existen! se dijo, aunque ahora ya no lo recuerde. Olvid\u00f3 como se enamor\u00f3 de ella, amor a primera vista, cuando con su peque\u00f1a mano reci\u00e9n nacida le agarr\u00f3 con fuerza su dedo y su primer \u201cte quiero\u201d fue un llanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los a\u00f1os pasaron con el viento de la raz\u00f3n y el dolor, para convertirlo en otro consumista de su propia producci\u00f3n. Cada d\u00eda hac\u00eda el viaje de ida y vuelta a esa t\u00e9trica f\u00e1brica de suministros inform\u00e1ticos en aquel atestado tren subterr\u00e1neo, donde cada minuto eran d\u00e9cadas de ficci\u00f3n y sue\u00f1os perdidos en alg\u00fan meandro de su imaginaci\u00f3n. A pesar de todo todav\u00eda la sent\u00eda, pero como el libido latido de alguien que quiere irse de este mundo, la sonata de aquella peque\u00f1a hada era cada vez m\u00e1s lejana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/granadacostanacional.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/little-girl-1143525_1920.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-16093 alignright\" src=\"http:\/\/granadacostanacional.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/little-girl-1143525_1920-158x300.jpg\" alt=\"little-girl-1143525_1920\" width=\"259\" height=\"492\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida transcurri\u00f3 como las paradas de ese tren, una detr\u00e1s de otra, imp\u00e1vidas y casi sin vida, excepto alguna colorida sonrisa fugaz, entre tanto blanco y negro de alguna ni\u00f1a que lo mir\u00f3 como Wendy mir\u00f3 a Peter pan. Una vida tan com\u00fan como s\u00f3rdida, con una hoja de ruta escrita casi desde su nacimiento. Como ser\u00e1s, que te gustar\u00e1 y que no, que te dar\u00e1 verg\u00fcenza, que odiaras y que amaras, cuantas veces dir\u00e1s te quiero y cuantas te cepillar\u00e1s los dientes. Guiones obtusos de alguna mente triste. Sin embargo como todo ni\u00f1o sabe, sin creer que sea algo trascendental, la vida en s\u00ed misma no est\u00e1 carente de magia. Pero tal como le ocurri\u00f3 al personaje de nuestra historia, al hacernos adultos nos crece un ap\u00e9ndice en nuestra cornea emocional, como un velo que filtra la magia y solo nos permite ver lo s\u00f3lido y tangible, lo triste y pol\u00edticamente correcto, el dolor y las puertas cerradas. Pero las vendas a veces se caen. Nos puede dar hasta miedo mirar y justo cuando est\u00e1n para caer suelen suceder cosas extra\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de que siempre se colocaba inm\u00f3vil ante el and\u00e9n, junto a un gran n\u00famero de personas que parec\u00edan mudas y abstra\u00eddas, comenz\u00f3 a andar por \u00e9ste casi deambulando y entre tanto traje gris pudo ver el reflejo de un peque\u00f1o abrigo rojo correteando entre pilares humanos. Para cuando lleg\u00f3 al final de la estaci\u00f3n, la ni\u00f1a hab\u00eda desaparecido y oy\u00f3 la irrupci\u00f3n de aquel ruidoso tren devolvi\u00e9ndolo a la realidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su puesto en la oficina era tan s\u00f3rdido como su propia vida. Todo lo que le rodeaba era gris, el teclado, la pantalla, la mesa, el mont\u00f3n de papeles, no ten\u00eda fotograf\u00edas, ni siquiera un papelito amarillo de notas, su historia era en blanco y negro. Entre la ordenada monta\u00f1a de hojas una de ellas estaba descuadrada y al empe\u00f1arse en recolocarla vio, como si fuese una llama en la oscuridad, el borde de un dibujo infantil, un coraz\u00f3n rojo pintado con los trazos de un l\u00e1piz de color. Tir\u00f3 de la hoja y aparecieron las im\u00e1genes infantiles de tres figuras, una de ellas, la m\u00e1s grande era \u00e9l mismo desde la visi\u00f3n de una ni\u00f1a. En ese momento lleg\u00f3 su jefe casi empujando con el tono de su voz y cuando hubo dejado caer toda su frustraci\u00f3n sobre \u00e9l, volvi\u00f3 a mirar el mont\u00f3n de papeles y el dibujo hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al volver a aquella casa muda, de paredes desnudas, se detuvo en el pasillo ante aquella habitaci\u00f3n que se congel\u00f3 en el tiempo. Hac\u00eda ya mucho que aquella puerta estaba cerrada. Al abrirla comenzaron a temblarle las piernas y cay\u00f3 de rodillas sintiendo en sus entra\u00f1as como algo se desprendiera para salir por su boca oprimiendo su pecho. Llor\u00f3 al mirar aquella peque\u00f1a cama vac\u00eda, y los estantes de juguetes inm\u00f3viles y polvorientos. All\u00ed estaban todos los colores que perdi\u00f3 su vida. Se dej\u00f3 caer sobre el suelo y entr\u00f3 en un profundo sue\u00f1o del que no querr\u00eda despertar jam\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El corr\u00eda tras aquel abriguito rojo por un extra\u00f1o and\u00e9n que termin\u00f3 por convertirse en un sendero. La ni\u00f1a giraba su dulce y sonriente rostro para mirarlo al tiempo que corr\u00eda y \u00e9l era feliz pensando en abrazarla como hizo tantas veces desde que naci\u00f3. Su cabello dorado dibujaba el vaiv\u00e9n de su paso. Cuando la alcanz\u00f3, ella lo abraz\u00f3 sin decir nada y el sinti\u00f3 la paz que buscaba. El bosque se llen\u00f3 de colores hermosos. Ella lo apart\u00f3 un instante y le dijo: Papa, no llores, las hadas nunca mueren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despert\u00f3 de nuevo a su soledad, pero ya no era gris. Supo que dejar\u00eda de ver aquellas pesadillas donde solo hab\u00eda cristales rotos, aceite en el asfalto y un peque\u00f1o abrigo te\u00f1ido de rojo. Supo entonces que ten\u00eda razones para vivir, un hada se lo dijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>Manuel Salcedo<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ten\u00eda treinta a\u00f1os cuando la vio por primera vez. \u00a1S\u00ed, las hadas existen! se dijo, aunque ahora ya no lo&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":16094,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_mi_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16092"}],"collection":[{"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16092"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16092\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16092"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16092"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/granadacostaglobal.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16092"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}